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Cómo cuidar el cabello según su tipo: por dónde empezar

hace 2 días
4 min de lectura

La mayoría de la gente que llega a consulta quejosa de su pelo no tiene ninguna enfermedad: tiene un producto equivocado, o el correcto usado al revés. Y eso pasa porque casi nadie le explicó qué tipo de pelo tiene ni qué hace en realidad cada frasco del estante.

Por qué el tipo de pelo cambia todo

La forma del pelo la decide la forma del folículo. Un folículo recto produce una fibra de sección redonda, que sale lisa; uno curvo produce una fibra ovalada o aplanada, que sale ondulada, crespa o muy rizada. Esa geometría tiene dos consecuencias prácticas.

La primera es el sebo. En un pelo liso, la grasa que produce el cuero cabelludo baja por la fibra con facilidad y llega hasta las puntas: por eso se engrasa rápido en la raíz y rara vez se ve reseco en las puntas. En un pelo muy rizado, cada curva es un obstáculo: el sebo no baja, la raíz puede estar bien y las puntas quedar secas.

La segunda es la fragilidad. Cada curva de la fibra es un punto donde la cutícula se abre un poco y donde el pelo se quiebra más fácil al peinarlo. Por eso el cabello afro no necesita más producto porque sí: necesita menos manipulación y más lubricación.

Cómo reconocer el suyo

Hay que mirarlo limpio, sin producto y seco al aire, porque cualquier crema o plancha lo disfraza. Liso: cae recto de la raíz a la punta y no forma onda ni siquiera al secarse solo. Ondulado: dibuja una S suave, se abre con la humedad y tiende al frizz más que al encrespamiento. Crespo: forma rizos definidos en espiral, del diámetro de un lápiz o menos, y se encoge visiblemente al secarse. Afro: forma zigzag o espirales muy cerradas, con un encogimiento que puede superar la mitad de su longitud real.

Es normal tener más de un patrón en la misma cabeza: la nuca suele ser más rizada que las sienes. En ese caso se cuida por zonas, no por promedio.

La porosidad, que explica más que el rizo

La porosidad es qué tan fácil entra y sale el agua de la fibra, y depende del estado de la cutícula. Un pelo poco poroso tiene la cutícula cerrada: le cuesta mojarse, tarda en secar y los productos se le quedan encima. Uno muy poroso, casi siempre por tintura, decoloración o calor, absorbe rápido y pierde rápido: se moja de inmediato y se reseca igual de rápido.

La prueba casera que circula en internet, la del pelo en el vaso de agua, sirve como orientación y nada más: no está validada y el resultado cambia con el producto que tenga encima la fibra. Una señal más confiable en el día a día es cuánto tarda en secarse al aire comparado con el resto de la gente, y si el acondicionador le hace efecto o se lo resbala.

Qué hace cada producto y dónde va

El champú limpia el cuero cabelludo, no el pelo. Va con los dedos en la piel, se masajea, y la espuma que cae al enjuagar limpia lo demás. Frotar el largo con champú es una de las causas más comunes de puntas resecas.

El acondicionador va de medios a puntas y se enjuaga. Su trabajo es bajar la fricción para que el peine pase sin arrancar cutícula. Dos o tres minutos bastan; dejarlo más no lo hace rendir más.

La mascarilla es un acondicionador más concentrado y con más tiempo de contacto. También de medios a puntas, nunca en la raíz. El leave-in se queda puesto y su función es mantener la lubricación entre lavados. El termoprotector va siempre antes del calor, sin excepción. Y el aceite sella, se aplica en muy poca cantidad y solo en las puntas.

Un dato que sorprende sobre los aceites: no todos penetran la fibra. Está medido que el de coco entra en el tallo y reduce la pérdida de proteína, mientras que el mineral y el de girasol se quedan en la superficie (Rele y Mohile, Journal of Cosmetic Science, 2003). Los demás no son inútiles, pero hacen otra cosa: cubren, no nutren.

Cada cuánto lavar

Aquí hay que decir algo que contradice lo que se repite: la frecuencia la manda el cuero cabelludo, no el rizo. Quien produce mucho sebo o tiene dermatitis seborreica necesita lavar seguido aunque tenga el pelo crespo. Y lavar seguido no hace que el pelo se caiga: en un estudio controlado, lavar cinco o seis veces por semana dio mejores resultados objetivos que lavar una vez (Punyani y cols., Skin Appendage Disorders, 2021).

Como punto de partida: liso, diario o día de por medio; ondulado, dos o tres veces por semana; crespo, dos por semana; afro, una o dos por semana. Son puntos de partida, no reglas, y se ajustan según lo que haga su cuero cabelludo.

Su tipo, en detalle

Cada tipo tiene sus propios problemas y sus propios errores típicos. Los desarrollé por separado: cabello liso, cabello ondulado, cabello crespo y cabello afro.

Lo que no cabe en un artículo

Hasta aquí llegó lo que se puede explicar en una página: reconocer su tipo, entender qué hace cada producto y saber dónde va. Lo que sigue es el trabajo fino, y es lo que estoy reuniendo en una guía completa: la rutina semanal día por día para cada tipo, con tiempos exactos de cada tratamiento; cómo leer la lista de ingredientes para escoger producto sin depender de la marca; los protocolos para pelo tinturado, decolorado o alisado; y el calendario de mantenimiento a lo largo del año.

Si quiere que le avise cuando salga, escríbame por WhatsApp con la palabra GUÍA y queda en la lista. No mando nada más.

Cuándo esto deja de ser cosmético

Ningún producto arregla lo que no es un problema de producto. Si hay picazón persistente, descamación que no cede, zonas donde el pelo no vuelve a salir, enrojecimiento o dolor del cuero cabelludo, o si la caída cambió de intensidad, eso se valora en consulta. Lo explico en la consulta por caída del cabello.

Los resultados varían entre personas. Esta información es general y no reemplaza la valoración médica. Contenido revisado por el Dr. Daniel Cuestas, médico dermatólogo (Universidad El Bosque), máster en Tricología y Trasplante Capilar en curso, miembro de la Asociación Colombiana de Dermatología y Cirugía Dermatológica. Última revisión: septiembre de 2026.

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