Exosomas y nanosomas para el cabello: qué dice la evidencia hoy
Cada cierto tiempo aparece en el mercado capilar una palabra nueva que promete ser el salto definitivo. Ahora son los exosomas, y cerca de ellos circula otra: nanosomas. Vale la pena separar qué es cada cosa, cuánta evidencia hay de verdad y en qué situación regulatoria están, porque las tres respuestas son distintas de lo que suele decirse.
Qué son los exosomas
Son vesículas diminutas, de unos 30 a 150 nanómetros, que las células liberan para comunicarse entre sí. Llevan adentro proteínas, lípidos y material genético. La idea de usarlos en alopecia tiene sentido biológico: en el laboratorio se ha visto que actúvan vías de señalización del folículo y estimulan las células de la papila dérmica. El problema no es la teoría: es cuánto de eso se ha demostrado en personas.
Cuánta evidencia hay en humanos
Aquí está el número que cambia la conversación. Una revisión publicada en la revista de la Sociedad Americana de Cirugía Dermatológica encontró nueve estudios clínicos de exosomas en alopecia, con un total de 125 pacientes entre todos (Queen y Avram, Dermatologic Surgery, 2024). Otra revisión de 2025 contó once estudios, de los cuales solo dos eran ensayos aleatorizados; el resto eran series de casos, estudios retrospectivos o reportes individuales.
Ciento veinticinco pacientes en total, en el mundo entero, es el tamaño de un estudio piloto. No es el respaldo de una terapia validada. Y el estudio que más se cita en publicidad tiene treinta pacientes, un solo grupo, sin control, y aplicó el producto junto con microagujas con radiofrecuencia, que por sí solas estimulan crecimiento: no hay forma de saber qué parte del efecto fue de cada cosa.
Los nanosomas no son exosomas
Esta confusión es frecuente y conviene deshacerla. «Nanosoma» no es un término de la literatura biomédica: es un nombre comercial. Se refiere a nanoliposomas, que son vesículas de grasa fabricadas para encapsular un activo y ayudarlo a penetrar cuando se aplica sobre la piel. Es un vehículo cosmético, no un producto biológico derivado de células.
La diferencia importa porque las categorías regulatorias son distintas. Un exosoma destinado a tratar una enfermedad se regula como medicamento biológico. Un liposoma en un producto tópico se regula como cosmético. Usarlos como sinónimos, o vender «nanosomas» insinuando terapia celular, es marketing.
La situación regulatoria, que es lo más concreto
La FDA emitió en diciembre de 2019 un comunicado de seguridad pública en el que afirma que no existe ningún producto de exosomas aprobado por esa agencia, y que las clínicas que los ofrecen para tratar enfermedades están incumpliendo la regulación. Ese comunicado sigue vigente: ninguna de las revisiones publicadas hasta 2026 reporta la aprobación de producto alguno.
En Colombia, al buscar en el INVIMA no aparece registro sanitario de productos de exosomas para uso estético o capilar. Esa ausencia es en sí misma el dato: sin registro, un producto inyectable de esa naturaleza no tiene autorización para comercializarse ni aplicarse. Lo que sí existe es una alerta del INVIMA de septiembre de 2025 sobre comercialización irregular de cosméticos que se están promocionando para uso inyectable, advirtiendo que ese es un uso no autorizado y que se asocia a infecciones, granulomas y reacciones inflamatorias.
Los riesgos que sí están documentados
En 2019, en Nebraska, varios pacientes tratados con un producto derivado de placenta desarrollaron infección en sangre, algunos con cuadro séptico. Y hay un precedente muy cercano y mejor documentado: una investigación conjunta de los CDC y la FDA sobre productos derivados de sangre de cordón umbilical vendidos como células madre encontró veinte pacientes con infección bacteriana confirmada, casi todos hospitalizados; al analizar frascos sellados y sin distribuir, el 65 % estaba contaminado (JAMA Network Open, 2021). La contaminación venía del procesamiento, no del consultorio.
A eso se suma algo más prosaico pero igual de importante: no hay estandarización. Los productos que se venden bajo la misma palabra provienen de fuentes distintas, se aíslan con métodos distintos y llegan en dosis y concentraciones que nadie verifica. Dos frascos rotulados igual pueden no tener nada en común.
Entonces, ¿qué hago si me lo ofrecen?
Tres preguntas resuelven casi todo. Qué producto exactamente es y con qué registro sanitario figura ante el INVIMA, que se puede consultar en línea en un minuto. Qué estudios lo respaldan, cuántos pacientes y con qué diseño. Y si lo que le ofrecen es un producto cosmético que se está aplicando inyectado, que es justo lo que el INVIMA advirtió.
Mi posición es esta: la biología de los exosomas es prometedora y vale la pena seguirla de cerca, pero hoy está en fase de investigación, no de tratamiento. No la ofrezco, y cuando un paciente la trae a consulta le muestro estos mismos números para que decida con información. En alopecia hay opciones con décadas de evidencia detrás, y el primer paso sigue siendo el diagnóstico correcto, que es de lo que hablo en la consulta por caída del cabello. Sobre el PRP, que suele mencionarse en la misma conversación y tiene más literatura aunque también modesta, escribí en PRP capilar: qué dice la evidencia.
Esta información es general, refleja el estado de la evidencia en septiembre de 2026 y no reemplaza la valoración médica. Contenido revisado por el Dr. Daniel Cuestas, médico dermatólogo (Universidad El Bosque), máster en Tricología y Trasplante Capilar en curso, miembro de la Asociación Colombiana de Dermatología y Cirugía Dermatológica.

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