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Alisados, keratina y tintes: lo que dice la etiqueta y lo que hay adentro

hace 2 días
4 min de lectura

Este es probablemente el tema donde más distancia hay entre lo que promete la industria y lo que muestran los análisis de laboratorio. No se trata de satanizar el alisado: se trata de que quien lo haga sepa qué se está poniendo y qué preguntar antes.

«Es solo keratina, es natural, no tiene química»

La keratina hidrolizada no alisa. No puede: el pelo mantiene su forma gracias a unos enlaces químicos internos, y para cambiar esa forma hay que romperlos y volver a formarlos. La keratina se deposita, da brillo y suavidad, pero no toca esos enlaces. Lo que alisa en estos tratamientos es otra sustancia que reacciona con la proteína del pelo cuando se aplica calor con la plancha. Si el producto alisa, algo más trae adentro.

«Dice libre de formol, entonces es seguro»

Aquí está el dato más incómodo de todo el tema. Un grupo de investigadores compró los siete alisados tipo keratina disponibles en un mercado y los midió en laboratorio: seis contenían formaldehído entre 0,96 % y 1,4 %, unas cinco veces por encima del límite permitido de 0,2 %. Y cinco de esos seis venían rotulados como libres de formaldehído (Maneli, Smith y Khumalo, Journal of the American Academy of Dermatology, 2014).

Hay una razón técnica que lo explica: el formaldehído puede figurar en la etiqueta con otros nombres, como metilenglicol, metanal u óxido de metileno, y algunas fórmulas usan sustancias que lo liberan al calentarse. Cuando se mide el aire de un salón durante el secado y el planchado, aparecen concentraciones que llegan a varias partes por millón (Pierce y cols., Journal of Occupational and Environmental Hygiene, 2011). Quien más se expone no es la clienta: es la persona que trabaja ahí todos los días.

«Ya los hacen sin formol, entonces ya no hay riesgo»

Muchas fórmulas reemplazaron el formaldehído por ácido glioxilico, y con eso apareció un riesgo distinto que nadie esperaba. En 2024 se publicaron casos de daño renal agudo después de alisados con esa sustancia, con episodios que se repetían cada vez que la paciente volvía al tratamiento. Un modelo experimental mostró el mecanismo: el ácido se absorbe por la piel, el cuerpo lo convierte en oxalato y este cristaliza en el riñón (Robert y cols., New England Journal of Medicine y Kidney International, 2024). Los autores fueron explícitos en recomendar que estos productos se descontinúen.

En Colombia el tema tiene antecedente regulatorio: en 2025 el INVIMA emitió una advertencia pública sobre alisadores capilares y una alerta sanitaria ordenando el retiro del mercado de un tratamiento alisador comercializado con ingredientes no declarados. Antes de comprar cualquiera de estos productos vale la pena verificar su Notificación Sanitaria Obligatoria en la página del INVIMA. Toma un minuto y se consulta por el nombre del producto.

«El tinte hace que se caiga el pelo y además da cáncer»

Son dos afirmaciones y las dos necesitan matiz. El tinte daña el tallo del pelo, no el folículo: por eso produce quiebre y porosidad, que se ven como pérdida, pero no produce alopecia. Sobre el cáncer, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasifica el uso personal de tintes en el grupo 3, que significa que no hay datos para clasificarlo como cancerígeno, y la exposición ocupacional de peluqueros en el grupo 2A, probablemente cancerígena. O sea: el riesgo del oficio no es el mismo que el de teñirse en casa.

Y hay un detalle que suele contarse al revés. El estudio grande que encontró una asociación con cáncer uterino, seguido durante años en más de 33.000 mujeres, halló esa señal con el uso frecuente de alisadores, no con los tintes ni con las permanentes (Chang y cols., Journal of the National Cancer Institute, 2022). El titular viajó mal.

«La mascarilla de proteínas repara el pelo dañado»

Reparar es la palabra equivocada. Los hidrolizados de proteína sí se adhieren a la fibra y penetran algo, y mejoran de forma medible ciertas propiedades mecánicas mientras están ahí (Jones y Chahal, International Journal of Cosmetic Science, 1997). Pero no reconstruyen los enlaces rotos ni devuelven la cutícula perdida: es un relleno cosmético que se va lavando. De ahí el corolario que a nadie le gusta oír: las puntas abiertas no se pegan, se cortan.

«Secar al aire es lo más sano»

Este sorprende a todo el mundo. Al comparar treinta ciclos de lavado y secado, el secador usado a unos quince centímetros y en movimiento continuo causó menos daño que dejar secar al aire, porque el secado natural deja la fibra hinchada durante mucho tiempo. Eso sí: a cinco centímetros y a temperatura alta el daño de superficie fue evidente (Lee y cols., Annals of Dermatology, 2011). La regla práctica es distancia, movimiento y temperatura media, no renunciar al secador.

«Cepillarse cien veces al día da brillo»

El cepillado repetido es daño mecánico acumulado, y está medido. En cabello afro natural, el daño de cutícula producido por cepillar fue más severo que el del trenzado frecuente, y aumentó de forma proporcional al número de pasadas (Molamodi y cols., International Journal of Cosmetic Science, 2021). El brillo no viene de cepillar más, viene de tener la cutícula intacta.

Qué preguntar antes de sentarse en la silla

Qué producto exactamente van a usar y con qué nombre figura en el INVIMA. Si el salón tiene ventilación o extracción mientras se plancha. Si le arden los ojos o la garganta durante el procedimiento, que es la señal más directa de que hay formaldehído en el aire. Y si está embarazada, si tiene asma o si tiene enfermedad renal, decírselo a quien la atiende antes, no después.

Esta información es general y no reemplaza la valoración médica. Si ya se hizo un alisado y notó síntomas respiratorios, irritación persistente o cambios en la orina, consulte.

Contenido revisado por el Dr. Daniel Cuestas, médico dermatólogo (Universidad El Bosque), máster en Tricología y Trasplante Capilar en curso, miembro de la Asociación Colombiana de Dermatología y Cirugía Dermatológica. Última revisión: septiembre de 2026.

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